Lobos y gacelas El inicio

 

Hace calor, demasiado para esta época del año.

 

Me levanto con cuidado de no despertarla. En la cocina, me sirvo un vaso de agua helada que me devuelve el aliento. Al cruzar de nuevo el salón, la brisa de las ventanas abiertas de par en par me acaricia la piel sudada. Tras una parada en el baño, regreso a la penumbra del salón; consulto el móvil y dejo que el aire termine de secarme.

 

De vuelta al dormitorio, me detengo en la puerta a contemplarla. Las sábanas están revueltas. Ella duerme boca abajo.

Su melena oscura y larga se desparrama sobre la almohada como una cascada. La piel de su espalda es suave y pálida; la luz tenue dibuja una línea profunda por la columna vertebral. Es un trazo perfecto: desciende recto y suave, un camino delicado que enlaza directamente con la separación de las nalgas y se prolonga donde se intuyen los labios de la vulva. Todo es una continuidad fluida desde la nuca hasta el centro más íntimo de su cuerpo. Una curva armónica une la espalda ancha, la cintura estrecha y el culo generoso en una sola forma sinuosa y tentadora.

 

Las nalgas son plenas, redondas y firmes, se elevan con naturalidad separándose lo justo para que esa línea central continúe su camino marcando la sombra profunda entre ellas hasta perderse en la hendidura donde sus labios se entrevén, hinchados y cálidos. La piel ahí es más suave, más oscura en los pliegues, brillante por una fina capa de sudor que acentúa cada detalle.

 

Más abajo, sus muslos gruesos y bien formados descansan entreabiertos, uno de ellos flexionado, dejando al descubierto la parte posterior de las piernas, suaves y aterciopeladas. Respira despacio, y con cada inhalación esa línea central se mueve con sutileza, como si todo su cuerpo palpitara.

 

La corriente de aire roza su piel y mi piel, pero no basta para calmar el fuego que me sube al verla tan expuesta, tan carnal, tan mía en esta mañana sofocante. Me acerco despacio sin querer despertarla. Todavía no.

 

Entonces oigo el zumbido del teléfono en el salón. Acudo rápido para evitar que rompa su descanso. Es Carmen, la última persona que esperaba. No hablamos desde el durísimo enfrentamiento con ella y con Tomás en su flamante residencia de la calle Ferraz. Hace de eso más de un mes o mes y medio... no sé, he perdido la cuenta.

 

—Carmen, hola, qué tal.

 

—¿Te pillo en mal momento?

 

—No, ¿por qué?

 

—Estás hablando en voz baja. Si prefieres, te llamo más tarde.

 

—No, está bien, voy a otra habitación.

 

—¿Lo ves? Sabía que no estabas solo. En serio, no es nada urgente, podemos hablar esta tarde.

 

—Ya estoy —respondí alzando la voz mientras subía las escaleras del ático—. Dime, ¿qué tal estás? Hace siglos que no hablamos.

 

Nos pusimos al día sin entrar demasiado en detalles, sin hacer alusión a la tremenda escena que nos separó definitivamente; enseguida fue al grano. Me invitaba a un retiro o algo parecido.

 

—Cuando me lo propusieron, enseguida pensé en ti porque es de esas cosas que sé que te gustan. Es una especie de retiro en una finca cerca de Segovia. Vamos gente conocida, incluso a algunos los conoces: Manuel, Pedro….

 

—¿Manuel?, ¿qué haces con Manuel?

 

—¿Y a ti qué te importa? —bromeó. En serio, es… algo diferente. No es a lo que estás acostumbrado, no va de zen ni de meditación, aunque algo de eso hay, pero por libre. Comida sana, tai chi… Va de conocer a gente y…

 

—A ver, Carmen, que nos conocemos de sobra, ¿de qué va todo esto?

 

—Sexo, pero no en plan orgía porque sí: sexo libre cuando quieras, con quien quieras y en libertad absoluta, sin obligaciones y sin presiones. Es lo que te he dicho: conocer a gente y actuar sin limitaciones; si te apetece, lo haces; si no te apetece, no pasa nada. Se trata de integrar el sexo como algo natural sin que tenga que entrar un componente de cortejo ni de sometimiento, ¿entiendes?, algo tan básico como el comer, el charlar o el compartir una copa. Un acto de puro placer compartido con quien te apetece, si le apetece. Sin obligaciones.

 

Hizo una pausa para coger aire. Yo escuchaba al otro lado del teléfono, apoyado en la barandilla del ático, asimilando cada palabra con una mezcla de fascinación y escepticismo.

 

—Mira, Mario —continuó al ver que yo no decía nada—, al final se trata de ver el sexo como una necesidad orgánica y social más, despojándolo de todo el teatro. Sin el ritual del cortejo, sin juegos de poder ni esas transacciones absurdas de «te he invitado a cenar, así que ahora toca». Si hay atracción mutua, se disfruta; si no, a otra cosa. Tan sencillo como sentarse a comer, a charlar o compartir un café.

 

—Suena demasiado idílico, Carmen —intervine, frunciendo el ceño—. La gente lleva sus expectativas y sus egos a todas partes. No te los quitas en la puerta como si fueran los zapatos.

 

—Por eso la autonomía tiene que ser absoluta —replicó ella rápidamente, como si hubiera anticipado mi objeción—. Para que esa libertad sea real, el «no» se respeta igual que el «sí». Vas allí sin expectativas de ningún tipo: no por estar en la finca o por hablar con alguien le debes nada. El deseo es fluido, cambia en cuestión de minutos, y nadie tiene que justificarse ni dar explicaciones. Sin culpa y sin que un «no me apetece» se tome como un insulto personal.

 

Su voz sonaba firme, segura, con un entusiasmo contagioso que me resultaba extrañamente ajeno y, al mismo tiempo, atrayente.

 

—Lo revolucionario es precisamente esa desconexión del sometimiento y de la lógica de posesión a la que estamos acostumbrados —prosiguió, bajando un tono la voz, casi confidencial—. Fuera celos, fuera intentar dominar al otro o marcar territorio. Tu cuerpo y tu placer siguen siendo tuyos en una relación totalmente horizontal de igual a igual. Y además con una tranquilidad operativa total, porque con los análisis y controles médicos tan estrictos que exige la organización, te liberas de cualquier preocupación de cabeza.

 

—¿Analíticos previos? —pregunté, sorprendido por el nivel de logística.

 

—Está todo pensado al milímetro —asintió ella—. Es que el objetivo final de todo esto es alcanzar una verdadera… revelación hedonista, eso es. Un ejercicio deliberado de desaprendizaje social para quitarle al sexo la solemnidad, el tabú y las ataduras morales, devolviéndolo a su estado más puro: el de una celebración del placer entre adultos libres, conscientes y consentidores. Por eso pensé en ti desde el primer momento, Mario. Conozco a las personas que lo organizan, llevan haciendo este tipo de encuentros varios años. Estoy convencida de que es ideal para ti.

 

—¿Tú ya has participado?

 

—Sí… bueno, no, solo un fin de semana para probar.

 

—¿Y qué tal?

 

—Fantástico, una experiencia reveladora. De verdad, no te lo puedes ni imaginar.

 

Hablamos durante un rato que se me hizo corto. La veía ilusionada y, sobre todo, interesada en hacerme partícipe de algo que para ella era importante, algo que era más que «simplemente follar», según concluyó. Y yo no dejaba de pensar que, por primera vez en mucho tiempo, Carmen quería hacer algo conmigo.

 

—¿Por qué no quedamos con Bernardo, os presento y que te lo cuente él mismo?

 

…..

 

Decidí ir en taxi; no quise complicarme buscando aparcamiento una tarde en la que Madrid se vestía de gala. Durante el trayecto pensé que aquello podía ser el comienzo de un camino para recuperar una relación de normalidad con Carmen, una nueva etapa en la que superásemos las fuertes desavenencias, perdonásemos los grandes agravios y pudiéramos ser amigos: era lo que nos debíamos por tantos años de amor compartido. La veía dispuesta, por primera vez en mucho tiempo, a reanudar el diálogo y yo no iba a desaprovechar la oportunidad que me brindaba.

 

Bernardo resultó ser un hombre culto, inteligente y pragmático. Me explicó al detalle el funcionamiento de lo que denominó un «Ecosistema Hedonista». La parte social, por llamarlo de algún modo, ya me la había contado a grandes rasgos Carmen por teléfono, Bernardo añadió aspectos de protocolo; entre otros, el rol de las parejas: si las había, no actuaban como tal una vez que ingresaban al centro, debían relacionarse por separado y evitar el contacto entre ellos.

 

—Eso os afecta a vosotros también: si decides participar y coincides con tu exmujer, no debes frecuentar su compañía más de lo que hagas con otras mujeres; es decir que, si os apetece compartir algún momento de sexo, sois libres de hacerlo siempre y cuando no se convierta en un hábito que llame la atención de los demás; ten en cuenta que nadie forma pareja estable con nadie durante el tiempo que dura el retiro y vosotros o cualquier otra pareja no sois una excepción.

 

—Descuida —intervino Carmen rápidamente—, hace tiempo que Mario y yo no somos pareja. Ni mantenemos relaciones. —añadió para disipar cualquier suspicacia.

 

A continuación, me puso al corriente de otros temas no menos importantes, como los aspectos de salud e higiene que me habían preocupado desde el principio. Todo estaba pensado: unos análisis previos a la inscripción en el evento —¿evento?— y otros, setenta y dos horas antes de empezar. Todos se debían realizar en el único laboratorio concertado con la organización y los resultados se enviaban directamente a la secretaría, que se hacía cargo de revisarlos y actuar en consecuencia. También se contemplaba el estatus de las mujeres durante la menstruación, así como el de las embarazadas que deseaban participar en el retiro.

 

Aproveché para preguntarle cuál era ese estatus. Carmen me miró, sabía por dónde iba mi interés ya que en nuestro matrimonio nunca nos habíamos privado de practicar sexo durante sus periodos, algo que a ella le emocionaba y a mí me volvía loco. Lloré como un niño la primera vez que, tras volver de un orgasmo, se incorporó y no dudó en fundirse con mi boca hasta teñir su rostro del mismo color escarlata.

 

Bernardo me explicó que las mujeres, durante la menstruación, debían llevar una braga de color rojo que les facilitaba la organización. Esa prenda era su único distintivo y, de hecho, las convertía en las únicas participantes que llevaban algo de ropa. Su estatus les otorgaba total autoridad para decidir si mantenían relaciones sexuales o no, en función de cómo se sintieran físicamente en cada momento y de su propio deseo, siempre de mutuo acuerdo con las parejas interesadas. En sí misma —añadió—, la menstruación se había revelado como una poderosa atracción para muchos hombres y una fuente de erotismo para muchas mujeres. Bernardo advirtió una mirada de inteligencia que se nos debió de escapar y siguió explicándome que, por su parte, las embarazadas no necesitaban ningún distintivo externo más allá de lo que su propio cuerpo mostraba de forma natural. Durante todo el retiro permanecían bajo una monitorización constante del equipo médico, y su actividad sexual dependía principalmente de su nivel de comodidad y de cómo evolucionara su estado con el paso de los días.

 

Durante la reunión observé un clima de evidente complicidad entre Bernardo y Carmen, algo de lo que ellos se dieron cuenta y que quisieron aclarar.

 

—Como ya has observado —dijo Bernardo tomándola del hombro—, Carmen y yo hemos establecido un vínculo sexual estable. No hay por qué ocultarlo: lo iniciamos durante el fin de semana de inmersión en el que participó y luego lo hemos continuado esporádicamente.

 

—Nos vemos en su casa, porque con Tomás, entrando y saliendo, resulta más complicado traerlo a la mía —dijo Carmen apretándole la mano.

 

—Siempre podéis usar nuestra antigua casa, o ir a la de la sierra —le ofrecí.

 

—Lo sé. Gracias, tal vez lo hagamos, si te parece —dijo y le consultó con la mirada, él me lo agradeció y ella lo besó impulsivamente; se notaba que llevaba rato deseando hacerlo.

 

—Entonces, ¿qué te parece, te animas?

 

Cómo iba a desilusionar a la que todavía era la mujer de mi vida.

 

—¿Cuándo es?

 

—Dentro de dos semanas, y dura seis días, de lunes a sábado —respondió Bernardo anticipando una posible deserción.

 

—¿Tú vas a ir?

 

—Sí, pero ya sabes…

 

—Ya, como si no te conociera.

 

—No tanto.

 

—De acuerdo, cuenta conmigo —acepté dirigiéndome a Bernardo.

 

A continuación, me puso al corriente del coste —que me pareció a todas luces excesivo— y me dio una hoja de inscripción, que rellené allí mismo, y otras con información del centro, datos bancarios, normas de equipamiento y protocolo de conducta y la dirección del laboratorio para los análisis. Me advirtió que acudiera cuanto antes.

 

—¿Vas a ir con alguien? —le preguntó a Carmen mientras yo rellenaba el formulario.

 

—Sí, pero aún no he decidido a quien me voy a llevar; ademas, no te vas a enterar de quien de todos es —le dijo con esa expresión traviesa en su cara que tanto me gustaba.

 

—¿Y tú? —me preguntó según le entregaba el documento completado y firmado.

 

—Yo, prefiero vivir esta experiencia solo.

 

—Descuida, que solo no vas a estar, eso te lo garantizamos. —bromeó.

 

No pude evitar que mis ojos la buscaran, ella se dio cuenta, bajó la mirada y le comentó no sé qué. No atendí, guardé los papeles y me levanté, quería irme de allí cuanto antes; ellos dos me imitaron. Nos despedimos con un apretón de manos y un beso en la mejilla.

 

Y así fue como se decidió el inicio de otra etapa más en nuestra vida. Separados y, sin embargo, amigos.

 

Maldita mi suerte.


14 comentarios:

  1. Bruto.
    Querido Cayo, empezando por aquí todo tiene más lógica, de la otra manera nos has dejado especular con la relación entre los protagonistas.

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  2. ¿Amigos?, en serio se pueden considerar amigos dos personas que han tenido una discusión que los ha separado definitivamente y no han tenido ningún contacto por más de un mes por como acabaron después de esa discusión.

    No entiendo tampoco porque invita Carmen a Mario cuando ya ha dejado claro que es su ex marido con el que no mantiene contacto de ningún tipo.

    Que raro que Tomás esté por medio, yo me hubiera negado, no porque piense que es una trampa o porque Carmen esté conspirando contra mi, si no porque ya no queda nada entre Mario y Carmen y lo lógico es poner tierra de por medio.

    Entiendo que no puedan vivir en uno sin el otro y se busquen como comento Dosoctavas, pero la vida es mucho más sencilla cuando se acepta que esa etapa de tu vida ya ha llegado a su final y la cierras para poder empezar una nueva.

    Esa nueva vida no tiene porque ser ni mejor ni peor, pero por lo menos será un lienzo en blanco donde empezar de cero.

    De verdad que cada vez me sorprende más que Mario y Carmen fueran capaces de volver a estar juntos, porque la brecha que los separa en estos instantes es del tamaño del océano Atlantico.

    El amor, ¿quien lo entiende?

    Una vez dicho esto, Mario, Carmen gracias por el regalo, nos miráis demasiado.

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  3. Como me temía Carmen no es libre estando al lado de Tomás, a cambiado a un marido manipulador por un amante manipulador y en cierta medida controlador.

    Si yo hubiera sido Carmen me hubiera mudado a un país donde no me conociera nadie y a vivir la vida con total libertad.

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  4. Estoy de acuerdo con Mario, el ego siempre perdura.

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  5. Es muy difícil, por no decir imposible, interpretar un relato con los lentes puestos de tu propia experiencia pasada. Es lo que siempre digo, alguien que le tiene fobia a la sangre no puede ser un buen cirujano ni opinar objetivamente de una autopsia. La pasión le ciega, no habla del texto, habla de él.

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    1. Tienes toda la razón Lucía, pero a mi me sale primero la pasión y una vez la he desahogado puedo darle paso a la racionalidad.

      Me sale así no lo puedo remediar y mira que lo he intentado, pero me es imposible.

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  6. Me pregunto quien será la mujer que duerme y que Mario no quiere despertar, no creo que sea Elvira, de serlo Mario la hubiera nombrado por su nombre.

    ¿ Será Maite?, me da que mo voy a quedar con las ganas de saberlo, jajaja.

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  7. De todas las maneras el Diario es pasional, eso no creo que ne lo niegue nadie.

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  8. No se quien será, lo que tengo claro es que Carmen se empieza a dar cuenta de quien es Tomas y me da que no le está gustando nada.
    Carmen invita a Mario por que quiere weguir con él y él con ella por eso acepta aunque esté Bernardo que no se cuanto durarán juntos si Mario vuelve a estar presente en su vida

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  9. Gracias Mario por la precuela, ya había preguntado que de dónde estaban y de que se trataba, ahora nos cuentas de dónde viene.

    Que bien que Carmen tome en cuenta a Mario para este evento, pero me cuesta trabajo entender de dónde viene ese interés después de como comentas tenis. más er un mes sin verse y en presencia de Tomás tuvieron un agarrón.

    Que bien por los dos, ahora mi pregunta será si ellos dos tienen contacto sexual entre ellos o solo se ven esporádicamente entre encuentro o viendo como follas el uno con otra o la una con otro.

    Entiendo que este es el inicio de una nueva etapa, que sea de reconciliación donde no haya reproches y si razonamiento y entendimiento del papel que irán a jugar de esta nueva partida en adelante, espero haya más capitulos de lobos y gacelas

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  10. Eso sí con lo de las fobias no estoy de acuerdo Lucía, una fobia se puede superar y esa persona puede terminar siendo balida para poder ejercer como cirujano y opinar objetivamente sobre una autopsia.

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  11. Ahora dejando la pasión a un lado me surgen preguntas.

    Porque Carmen ofrece a Mario que participe en esa orgia, no hace mucho an tenido la madre de todas las discusiones donde se han roto los pocos lazon que les unían a Carmen y a Mario, ¿Porque ofrecérselo a Mario?, amantes no le faltan a Carmen.

    Una de las respuestas que se me ocurren es que por mucho que estos dos discutan Carmen no puede dejar de amarlo y está es una excusa para poder tener a Mario cerca.

    Otra de las respuestas que se me ocurre es que Carmen le quiere dar un regalo de despedida, Carmen sabe lo mucho que disfruta Mario de verla con otros hombres y quiere hacerle este último regalo antes de despedirse de él para siempre.

    En cuanto a Mario, ¿porque aceptar?, Mario es consciente que mientras Tomás esté por medio jamás podrá volver a estar con Carmen, eso sí es que Carmen quiere volver a estar con el, que esa es otra.

    Una de las respuestas que se me ocurre es que a Mario le puede el morbo y ya no tiene nada que perder.

    Otra respuesta sería que por mucho que discuta con Carmen no puede olvidarse y está orgia es una buena excusa para estar cerca de ella.

    No se lo que pensaréis los demás.

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  12. Yo creo q despues de este “retiro” por llamarlo de alguna manera y sin estar juntos se dean cuenta de que les sobra toda gente toxica q está en su entorno y vuelven a estar juntos. Aunq carmen haya estado ckn Bernardo cuandl llamó a Mario se le notó molesta al saber q estaba con alguien y ella lo dijo q no puede estar en em piso q tiene ahora con Bernardo por que Tomás entra y sale como perico por su casa y sin avisar de que va a ir. Lo que Carmen creia q iba a ser su libertad se convirtió en una jaula de oro

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  13. Perdón por los gazapos, estoy escribiendo desde el telefono

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