Vértigo
Está en bragas sentada frente al Mac repasando su texto. Nos resistimos a dejar que el otoño entre en nuestras vidas. Mañana volveremos a Madrid pero esta noche, frente a la bahía, apuramos las ultimas bocanadas del verano.
Está concentrada. Lee, relee, retrocede, repasa, corrige; es tan concienzuda como yo. A su lado, un gin tonic poco cargado. La observo desde el sillón fingiendo que leo. Sigue tan hermosa como la que aparece plasmada en el relato que pule. «Mi trabajo me cuesta», dice en un párrafo.
Y la deseo, Dios, cómo la deseo.
Me llama, me consulta una duda, le corrijo además una coma por un punto y coma. Me aparto, no quiero interferir en su relato. Me asomo al balcón desde el que se ve la bahía que luce iluminada en la penumbra. Esta noche va a ser larga, me temo, pero su relato estará terminado y publicado.