Lobos y gacelas IV
Se llama Luis. Lo sé porque anoche coincidimos de madrugada en la máquina de café. Ya me había fijado en él por la tarde mientras follaba con una pelirroja despampanante en una de las terrazas: alto, moreno, con ese aire de quien sabe exactamente lo que quiere. Está en medio del pasillo apoyado en la pared mirando muy concentrado a la habitación que tiene enfrente.