La secuencia maldita



A punto de publicar el capítulo doscientos, anuncié que necesitaba tiempo para editar un párrafo porque no acababa de encajar en el texto. 


«Mario 26 de junio de 2025, 0:37

Al final no será esta noche. Cuando está todo listo y descubres que una frase, tan solo una frase tira por tierra el conjunto completo, noventa minutos, es cuando decides dar marcha atrás y volver a pensar, repensar y volver a escribir hasta dar con la forma de poner en palabras lo que una cámara de cine podría hacer en tres tomas: la expresión trastocada de la protagonista por la emoción inesperada ante un hecho inaudito protagonizado por su pareja y el antagonista.

No he logrado encontrar las palabras, tan solo seis; diez o doce a lo sumo. Sin embargo, no puedo lanzar el relato hasta que no cierre esa escena, lo siento.

Una vez lo publique prometo explicar en detalle el conflicto, tal vez no os interese, por si acaso os daré la frase tal cual la he desechado, el motivo que me lleva a retirarla y la enmienda que daré por definitiva.»


El párrafo al que me refería es este:

«Diego dividió los billetes en tres partes y se guardó una en el bolsillo trasero del pantalón, las chicas volvieron hablando entre ellas, parecían contentas. Pusieron los plugs sobre el escritorio. Diego, el muy cerdo, los olfateó.

—Así me gusta, limpios como una patena. Venir, acercaros.

Ellas apretaron el paso moviendo las tetas al ritmo del trote. Candela esperó a un lado.

—Toma, lo tuyo. —A ojo calculé sobre las ochenta o cien mil pesetas, Carmen le interrogó con la mirada. Ahora te cuento, le dijo él. A continuación me ofreció el resto, cincuenta mil.  Para Carmen era la primera vez que me veía ganar dinero a costa de vender su cuerpo, por un instante volvió a ser la mujer que el despecho había desterrado y pudimos compartir la profunda emoción del momento. Diego agitó los billetes para hacerme reaccionar, un arrebato de estupor y morbo me tenía paralizado. La miré con el dinero en la mano, habíamos dado un nuevo paso; atrás quedaba una parte de lo que fuimos. Tan fugaz como apareció, la conexión entre nosotros se desvaneció y el frío volvió a empañar su rostro. Por último, Diego sacó uno de cinco mil y se lo dio a Candela.

—Toma, para la niña.»


Esta escena sucede durante el encuentro entre Diego, Carmen y Mario en una situación en la que la relación del matrimonio está seriamente deteriorada y un gesto —el pago a Mario por la actividad de Carmen como puta—, deshace la brecha que se ha abierto entre ellos y les vuelve a unir ante el deseo de ambos cumplido; dura solo un instante, pero ocurre, toda la distancia que la traición de Mario ha interpuesto en la pareja se diluye porque se ha hecho realidad una de sus mayores fantasías: La esposa vendida por el marido.


La escena había pasado por varias versiones sin que ninguna terminara de convencerme, no encontraba la forma de expresar en palabras la fuerza de este instante, incluso la versión definitiva no alcanza a mostrar la explosión emocional que le provoca ver a su marido cobrando por su actividad de puta, la impresión es tan potente que, durante un instante olvida la traición y recupera la complicidad entre ambos. Es natural; para Carmen, la transacción económica, el intercambio de dinero por ella es tan excitante como el acto sexual en sí mismo, lo ha declarado en varias ocasiones, le ocurrió con Tomás en su iniciación.


«—¿Qué sentirán esas chicas? —murmuré; buscaba mis bragas, debían de estar por algún lado, tal vez debajo de la colcha.

—¿Qué quieres decir?

Le ofrecí mi espalda para que enganchara el cierre del sujetador, un pequeño detalle que le complacía.

—No puedo imaginarme qué sienten cuando después de tratarlas tan bien como lo haces, abres la cartera, sacas unos billetes y les dices… ¿qué les dices? ¿o les pagas antes, cuando llegan?»


Le ocurrió con Ismael, el conserje del picadero, cuando la vendió a un vecino del edificio y presenció el pago.


«Don Jaime echó mano al bolsillo trasero, sacó la cartera, contó el importe estipulado y se lo entregó; una vez más sentí el intenso placer de ser vendida, algo a lo que nunca he llegado a acostumbrarme». 


Y con Mario, fantasean en varias ocasiones con la idea de que sea él quien le proporcione clientes, incluso asistimos a una escena en la que desarrollan esa fantasía al detalle. No es extraño por tanto que, ver a su marido cobrando la parte que le corresponde del servicio acordado con Leonardo la emocione de una manera difícil de explicar con palabras.


Versiones

Durante el desarrollo del capítulo, volví varias veces a revisar la escena y traté de darle cuerpo. He aquí las principales versiones.


Versión 1 01-06-2025

«Diego contaba los billetes haciendo varios grupos, las chicas volvieron hablando entre ellas, parecían contentas.

—Venir, acercaros.

Ellas apretaron el paso moviendo las tetas al ritmo del trote. Candela se quedó un paso atrás.

—Toma, lo tuyo. —Le ofreció uno de los montones de billetes que, a ojo, calculé entre ochenta y cien mil pesetas, ella levantó las cejas y le miró sorprendida. Ahora te cuento, le dijo. A continuación, me ofreció uno de los grupos que había hecho, Carmen me miró con los ojos iluminados por la emoción, era la primera vez que me veía cobrar por su trabajo de puta. Diego agitó la mano para que reaccionase, me embargó un sentimiento de pudor absurdo, por fin cogí los billetes y los conté: cincuenta mil, el resto se lo guardó en el bolsillo trasero del pantalón. Nos volvimos a mirar, habíamos dado un nuevo paso, dejábamos atrás una parte de lo que fuimos. Por último, sacó un billete de cinco mil y se lo dio a Candela.

—Toma, para la niña.»


Versión 2 18-06-2025

«Diego dividió los billetes en tres grupos y se guardó uno en el bolsillo trasero del pantalón, las chicas volvieron hablando entre ellas, parecían contentas. Dejaron los plugs sobre el escritorio.

—Así me gusta, limpios como una patena. Venir, acercaros.

Ellas apretaron el paso moviendo las tetas al ritmo del trote. Candela esperó a un lado.

—Toma, lo tuyo. —Le ofreció uno de los montones, a ojo calculé sobre las ochenta o cien mil pesetas, Carmen le interrogó con la mirada. Ahora te cuento, le dijo él. A continuación, me ofreció el segundo montón, ella me miró expectante, era la primera vez que yo iba a cobrar por su trabajo de puta. Diego agitó la mano para hacerme reaccionar, un arrebato de pudor y morbo me tenía paralizado: cincuenta mil. Aún con los billetes en la mano la miré, habíamos dado un nuevo paso, dejábamos atrás una parte de lo que fuimos. Por último, sacó uno de cinco mil y se lo dio a Candela.

—Toma, para la niña.»


Versión 3 25-06-2025

«Diego dividió los billetes en tres partes y se guardó una en el bolsillo trasero del pantalón, las chicas volvieron hablando entre ellas, parecían contentas. Pusieron los plugs sobre el escritorio. Diego los olfateó.

—Así me gusta, limpios como una patena. Venir, acercaros.

Ellas apretaron el paso moviendo las tetas al ritmo del trote. Candela esperó a un lado.

—Toma, lo tuyo. —A ojo calculé sobre las ochenta o cien mil pesetas, Carmen le interrogó con la mirada. Ahora te cuento, le dijo él. A continuación me ofreció el resto; ella perdió la distancia que el despecho nos imponía, por primera vez me veía ganar dinero por su trabajo. Diego agitó los billetes para hacerme reaccionar, un arrebato de pudor y morbo me tenía paralizado: cincuenta mil. Aún con el dinero en la mano la miré, habíamos dado un nuevo paso, atrás quedaba una parte de lo que fuimos. Por último, sacó uno de cinco mil y se lo dio a Candela.

—Toma, para la niña.»


Versión definitiva

«Diego dividió los billetes en tres partes y se guardó una en el bolsillo trasero del pantalón, las chicas volvieron hablando entre ellas, parecían contentas. Pusieron los plugs sobre el escritorio. Diego, el muy cerdo, los olfateó.

—Así me gusta, limpios como una patena. Venir, acercaros.

Ellas apretaron el paso moviendo las tetas al ritmo del trote. Candela esperó a un lado.

—Toma, lo tuyo. —A ojo calculé sobre las ochenta o cien mil pesetas, Carmen le interrogó con la mirada. Ahora te cuento, le dijo él. A continuación me ofreció el resto, cincuenta mil.  Para Carmen era la primera vez que me veía ganar dinero a costa de vender su cuerpo, por un instante volvió a ser la mujer que el despecho había desterrado y pudimos compartir la profunda emoción del momento. Diego agitó los billetes para hacerme reaccionar, un arrebato de estupor y morbo me tenía paralizado. La miré con el dinero en la mano, habíamos dado un nuevo paso; atrás quedaba una parte de lo que fuimos. Tan fugaz como apareció, la conexión entre nosotros se desvaneció y el frío volvió a empañar su rostro. Por último, Diego sacó uno de cinco mil y se lo dio a Candela.

—Toma, para la niña.»


Conclusión

La palabra no es sino un medio para comunicar los pensamientos y las emociones y cómo tal, está sujeto a limitaciones e interpretaciones tanto de quien habla como de quien escucha. Tal vez, como dije, le hubiera sido más sencillo a un cineasta mostrar las emociones con una cámara, el rostro es una pantalla donde se exponen los sentimientos antes de que la razón pueda reprimirlos, por eso he tratado de reescribir la escena en formato de guion de cine, pido disculpas de antemano a los profesionales, pero me he divertido tanto que no he encontrado motivo para no compartirlo con vosotros. He aparcado tecnicismos para hacerlo más legible y he añadido descripciones que están fuera de la norma, como movimientos de cámara que lo hacen más visual.


El guion


INT. DESPACHO - DÍA


Despacho amplio bien decorado en maderas nobles con varias reproducciones de impresionistas desplegadas por las paredes.


MÚSICA ENTRA: MONEY DE PINK FLOYD


DIEGO (40s, atractivo, con una astuta mirada) está absorto en el sofá, contando y apilando billetes sobre la mesa de centro, hace tres montones y se guarda uno en el bolsillo trasero del pantalón. MARIO (40s), de pie, lo observa.

Se escuchan murmullos de voces que se acercan. 

CÁMARA LENTA pasa de Diego hacia la puerta.

CANDELA (32, desenvuelta) y CARMEN (31, más inocente) entran al despacho. Aparecen desnudas, únicamente con medias altas y tacones, con una sonrisa de satisfacción en el rostro; parece que les ha ido bien.

CÁMARA las sigue hasta enfocarlas de espaldas.

Dejan caer dos plugs negros sobre el escritorio. Diego se levanta, los coge y los huele con un gesto de aprobación.

DIEGO

Así me gusta, limpios como una patena. 


Diego vuelve a sentarse en el sofá.

DIEGO

Venir aquí, acercaros.

Carmen y Candela aprietan el paso, sus cuerpos se mueven con decisión. Candela, un paso detrás de Carmen, la sigue con menos entusiasmo. 

CÁMARA enfoca con discreción el movimiento de los pechos sacudidos por el paso firme.

Carmen mira a Diego con sensualidad y lanza una rápida mirada de desdén a Mario situado al otro extremo de la mesa.

Diego empuja uno de los montones hacia Carmen. Es un fajo considerable, entre ochenta y cien mil pesetas.

DIEGO

Toma, lo tuyo.


Carmen levanta las cejas, sorprendida, una mezcla de asombro y emoción brilla en sus ojos mientras mira a Diego interrogándole.


DIEGO (CONT’D)

Ahora te cuento.


Diego se gira y le ofrece el segundo montón de billetes a MARIO. Carmen lo mira con los ojos iluminados por una emoción distinta. Es la primera vez que le ve cobrar por vender su cuerpo.

Diego agita la mano para que Mario reaccione. Mario está paralizado por el estupor mirando fijamente los billetes. Finalmente, los coge y los cuenta: cincuenta mil pesetas.

Carmen y Mario se miran; hay un destello de complicidad en su expresión.


MARIO (Voz en off)

Hemos dado un nuevo paso. Atrás dejamos una parte de lo que fuimos.


Enseguida Carmen recupera la frialdad con la que trata a Mario desde que la traicionó.

Diego saca un billete de cinco mil pesetas del bolsillo y se lo da a Candela, quien lo toma con una expresión indescifrable.


DIEGO

Toma, para la niña.


Candela asiente levemente sin decir nada.


1 comentario:

  1. Entiendo, eres perfeccionista y no dejas nada al garete.

    Gracias por esta explicación y presentación de las versiones

    ResponderEliminar