Lucia McFly
Prólogo
Este texto surge a raíz de unos comentarios de Lucia en “Underboob” a propósito del regreso de Irene publicados en el blog que motivaron mi respuesta y me inspiraron a escribir una pequeña fantasía que publiqué, primero como respuesta a su comentario y ahora traigo aquí.
Lucia20 de octubre de 2025, 9:14
¡Qué alegría! Mi lesbiana favorita vuelve y además, en el mejor momento, porque doy por supuesto que aparece en plena separación y lo que más necesita Carmen es una mujer a su lado que le devuelva la alegría.
No le va a resultar fácil confesarle todo, desde su aborto hasta su carrera como escort para Tomás y luego como puta de barra de bar. Pero ella siempre va con la verdad por delante y me niego a pensar que vaya a reconstruir esta preciosa relación sobre mentiras.
Lucia20 de octubre de 2025, 9:15
Lo de “mi lesbiana favorita” va a tener consecuencias. Menuda es mi chica.
Lucia20 de octubre de 2025, 12:44
El desayuno acabó mal. “Pues si tanto te gusta Irene, le dices a Mario que te dé un papel protagonista en el diario y quedáis en el Antlayer, pero a mi ni te acerques”.
Mario20 de octubre de 2025, 14:00
Dile a tu chica que te perdone y a cambio le concedo el deseo.
Y llegó, poco después publiqué un breve relato fantástico dedicado a Lucia.
Capítulo 1
Estaba tomando el café de media mañana donde siempre, pero esta vez no me sentía cómoda. Llevaba un buen rato notando la presencia de una chica de mi edad que no cesaba de mirarme como si me conociera. Al principio no le di importancia, pero su insistencia empezaba a resultarme molesta. La miré fijamente para darle a entender mi malestar y ella, por toda respuesta, se levantó de la mesa que ocupaba y se acercó a la barra.
—Perdona, eres Carmen.
—¿Nos conocemos?
Me miró de arriba abajo, parecía que estuviera viendo una aparición. Sonrió y dijo:
—Eres más alta de lo que imaginaba.
—¿Quién eres?
—Claro, verás, no te lo vas a creer, es que, bueno, me han hablado de ti.
—¿Quién?
—Mario.
—¿Lo conoces?
—No en persona. Me estoy liando; es que, si te lo cuento, no te lo vas a creer.
—Eso ya lo has dicho, ¿por qué no pruebas y salimos de dudas?
—Yo misma no termino de entenderlo, estaba tan tranquila con mi chica hablando de Irene.
—¿La conoces?
—No exactamente. Escribí en el blog: “qué alegría, ha vuelto mi lesbiana favorita”, y mi chica se mosqueó, me dijo que, si tanto me gusta, le pida un papel a Mario y así la conozco.
—¿En qué blog has escrito eso? ¿Dónde se está hablando de nosotras?
—Claro, tú aún no lo sabes, para ti no ha pasado.
—Mira…
—Lucia, me llamo Lucia, soy correctora de textos, trabajo en una editorial y…
—Mira, Lucia, si se trata de una broma, le dices a quien sea que no me hace gracia. Y ahora, si no te importa, tengo prisa.
—¡Espera, por favor! Te va a parecer una locura, a mi me lo parecería si se me acercase alguien y me dijera que viene del futuro. Pero es lo que me ha pasado. Después de que anoche mi chica me dijera que le pidiera un papel a Mario en su relato para poder conocer a Irene, me he despertado sola en otra época pasada. Lo primero que he pensado es que estaba soñando, pero todo esto es demasiado real. No tomo drogas, no es eso, he tenido el periódico en las manos, sé el día en el que estoy y te aseguro que no es el mes ni el año en el que me acosté anoche. Eres psicóloga, si esto es un brote psicótico o una esquizofrenia o la mierda que sea y estoy hablando con un fantasma, dímelo porque no entiendo nada.
—¿Tienes dónde ir?
—¡Claro, mi antigua casa!, es de donde vengo.
—Mira, Lucia, lo más probable es que, por tu trabajo, estés pasando por una etapa de estrés que te ha provocado…
—Sé lo de Roberto, sé lo de Carlos, Doménico, la terapia de puta, sé lo de Tomás, lo de Diego y los árabes, los tatuajes que te hizo a la fuerza.
Me caí de culo en el taburete, había perdido la temperatura de mi cuerpo y el pulso estaba bajos mínimos.
—¿Quién eres? —pronuncié en un soplo de aliento.
—Te lo he dicho, no sé cómo coño ha sucedido. Vengo del futuro que para mi es presente, aunque ya no sé lo que es presente, pasado o futuro.
—Tranquilízate, vamos a sentarnos. ¿tomas algún tipo de medicación? ¿quién te ha contado eso?
—No me crees, piensas que estoy loca. —dijo abatida. Se detuvo a pensar, de repente, miró al frente como si hubiera descubierto algo, seguí su mirada hasta un calendario con una gran foto de una carrera de Fórmula 1—. Vamos a hacer una cosa. No sé si es coincidencia o es algo premeditado. Tú no sueles coger el tren para ir a trabajar, ¿verdad?
—Rara vez, ¿por qué?
—Mejor. Mañana no es un buen día para coger el tren de cercanías. Hazme caso, ni se te ocurra cogerlo.
—¿Por qué, qué día es mañana?
—Ya lo verás. Si después, quieres que sigamos hablando, pasado mañana estaré aquí, suponiendo que no me haya despertado.
—¡Espera!, ¿por qué no me dejas que te acompañe?
Capítulo 2
Al día siguiente todo cambió. Cuando la noticia se propagó, sentí una parálisis total, una incredulidad ante la magnitud de la tragedia, recuerdo que la ciudad entró en una especie de neblina de shock. Madrid se había convertido de repente en un escenario de horror.
En las primeras horas, la sensación era de caos y urgencia. Vi a gente correr, a equipos de emergencia desbordados y, sobre todo, a una marea de ciudadanos acudiendo a ayudar. El ambiente estaba cargado de sirenas y del sonido de la desesperación. Nosotros, la gente de a pie, nos sentíamos impotentes, pero al mismo tiempo con una necesidad imperiosa de localizar a nuestros familiares, a nuestros amigos, a nuestros compañeros que solían usar el tren y aún no habían llegado. Y en medio del caos, recordé con un estremecimiento las palabras de Lucía. “Mañana no es un buen día para coger el tren de cercanías. Hazme caso, ni se te ocurra cogerlo”.
Nadie notó mi estupor, estábamos todos tan afectados por la tragedia que el desconcierto en el que me hallaba sumida pasaba desapercibido en medio de tanto dolor e indignación por la forma en que se estaba gestionando la información sobre el atentado.
Al día siguiente evité pasar por la cafetería. Había hecho mil conjeturas sobre la identidad de esa extraña mujer. Primero la taché de desequilibrada, un término muy poco profesional, lo reconozco, incluso despectivo con el que traté de quitármela de encima cuando me abordó. Tras los atentados dudé entre la alternativa de encontrarme ante una terrorista y la más improbable, la imposible opción de que estuviera diciendo la verdad. No me lo podía ni plantear, sólo quedaba un escenario y si era cierto, ¿qué sentido tenía que uno de los componentes del comando terrorista hubiese contactado conmigo y me hubiese advertido poniendo en peligro toda la operación?
Traté de relacionarla con mi pasado: la facultad, el colegio, mi familia, mis amigos. No encontré nada que nos uniera, aunque podía haber cambiado tanto que no la reconociera. “Eres más alta de lo que imaginaba”, había dicho al acercarse, prueba de que no me conocía. Entonces, ¿Quién la había enviado a avisarme? Recapacité, me estaba centrando en el atentado obviando el grueso de la conversación, esa conversación que no quería creer.
Como ella. No dejaba de decir “no te lo vas a creer, yo tampoco me lo creería si me acercase alguien y me dijera…”. No podía, mi mente se negaba a repetir sus palabras.
Tenía que volver a verla, si no era tarde.
Al día siguiente acudí a la cafetería a la misma hora de siempre y no la vi. Una parte de mí respiró aliviada; otra, la que no acepta ocultarse ante los problemas se sintió defraudada, si no volvía a verla siempre guardaría la duda sobre su identidad.
No tardó mucho en resolverse, Lucia, o como quiera que se llamase, atravesó la puerta indecisa, miró hacia la barra y al verme esbozó un gesto de satisfacción.
—Creí que no te volvería a ver.
—¿Estabas preocupada por mí?
—No. —respondió sin dudarlo y me inquietó—. Temía que no quisieras hablar conmigo.
—Ahora mismo no sé si denunciarte a la policía o… ¡yo qué sé!
—Lo entiendo. Yo en tu lugar…
—¡No, deja de tratarme con esa… condescendencia! No estás en mi lugar, no sabes lo que pienso de ti.
—Tú tampoco sabes nada, no confío en ti, no sé si eres real o un fantasma de mi cerebro que mañana, cuando me despierte en mi casa, habrá desaparecido. Tú no me crees, yo no te creo, estamos en paz. Me he despertado esta mañana en la casa en la que viví hace veinte años, ¿te imaginas lo que he podido sentir? Que me he vuelto loca es lo más suave, es como si estuviera protagonizando una de esas películas en las que la gente regresa al pasado. ¡Joder, esto no me puede estar pasando a mi! Después, he sentido el impulso de salir a la calle y caminar a un destino concreto, sabía lo que estaba haciendo, pero no por qué, buscaba la cafetería donde sueles desayunar a media mañana, no sabía bien donde era ni cómo se llama porque en el diario no hay tantos datos.
—¿Qué diario?
—No me interrumpas. He llegado, no me preguntes cómo, y te he visto en la barra, inconfundible, Mario te ha descrito tan bien y tantas veces que te habría reconocido en cualquier otro sitio. Reconozco que debes estar sorprendida, lo que te estoy contando es absurdo, pero es lo que hay. Te propongo que lo trates como estás acostumbrada, eres psicóloga, lo tienes más fácil que yo, tienes delante un caso difícil, deja de protestar y escucha, joder, escucha, supongo que se te da bien escuchar. Para mí esto es más jodido, no me creo que esté pasando, pienso que estoy hablando con una aparición, con un sueño, pero voy a seguir adelante hasta que me despierte o me encierren en un manicomio.
—De acuerdo, voy a darte un margen, no tengo claro cómo sabías que iba a cometerse un atentado, tampoco entiendo cómo sabes tanto de mi vida. Comprenderás que no pueda darte un margen de confianza mientras no me cuentes…
—Así no vamos a llegar a ningún lado. Yo te he contado lo que me ha ocurrido, tú no lo aceptas y te comprendo, no creas que no te comprendo. Esto es inútil, mejor lo dejamos. Gracias, me ha gustado conocerte en persona, supongo.
—Espera, no te vayas. ¿Te das cuenta lo difícil que me resulta aceptar lo que me estás contando?
—Me doy cuenta, yo no me creería ni una palabra, por eso es mejor que no sigamos, es inútil.
—Quiero creerte, pero no puedo.
—Lo sé y no te culpo.
—Dime solo una cosa, de dónde vienes.
—¿Qué más te da?, si no me crees.
—Por favor.
—He viajado veinte años atrás.
—Y… ¿cómo es?
—¿Me lo estás preguntando en serio? Es… otro mundo, diferente, en muchos aspectos peor. Los derechos que creímos ganados y dábamos por seguros están en entredicho, sobre todo para nosotras, las mujeres. Los fantasmas del pasado que creíamos derrotados han brotado con fuerza de nuevo sin complejos ni vergüenza. La memoria se ha perdido y la historia se reescribe a gusto de los que mueven los hilos por encima de los políticos de turno. Qué mal suena, ¿verdad? Internet lo domina todo, la gente ya no se informa en la prensa o la televisión o en la radio, todo lo busca en internet porque todo está ahí, lo bueno y lo malo, y es difícil detectar lo cierto y lo falso. Demasiada información no es información, eso no es nuevo, pero en mi época se ha vuelto una forma de saturar e impedir encontrar la verdad. Aunque a quién le importa si te puedes distraer con las redes sociales y… creo que no te estás enterando de nada.
—No… sí, me hago una idea, creo.
—¿Escuchas eso? No puede ser casualidad.
Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé
En el quinientos diez, y en el dos mil también
Que siempre ha habido chorros, maquiavelos y estafaos
Contentos y amargaos, valores y dobles
Pero que el siglo veinte es un despliegue
De maldad insolente, ya no hay quien lo niegue
Vivimos revolcaos en un merengue
Y en el mismo lodo, hmm, todos manoseaos
Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor
Ignorante, sabio o chorro, pretencioso o estafador
Todo es igual, nada es mejor
¡Lo mismo un burro que un gran profesor!
No hay aplazaos, qué va a haber, ni escalafón
Los inmorales nos han igualao
—No puede ser casualidad —insistió—, esto me confirma que estoy metida en un sueño. ¿Cuánto hace que no escuchabas Cambalache?
—Ni me acuerdo.
—Escúchala bien. El mundo fue y será una porquería. Ahí vuelvo, Carmen, adiós.
—Espera, dime, qué va a pasar.
—Escucha, escucha.
Siglo veinte, cambalache, problemático y febril
El que no llora, no mama; y el que no afana, es un gil
Dale nomá, dale que va
Que allá en el horno se vamo a encontrar
No pienses más, séntate a un lao
Que a nadie importa si naciste honrao
Si es lo mismo el que labura
Noche y día como un buey
Que el que vive de las minas, que el que mata, que el que cura
O está fuera de la ley
Que gran honor Lucia.
ResponderEliminarEl relato es muy bueno y no se si es casualidad que con Mario hay que estar a todo, pero el 21 de octubre se celebro el día de regreso al futuro y eso es lo que le ha pasado a Lucia sin el DeLorian.
Y centrandonos en el relato grande, según wstw relato, Lucia es la germinadora del diario.
Despues de este encuentro Carmen va a llegar a casa le echara la bronca a Mario por bocazas y cuando se relajen y vea que no hay nada, maduraran la idea de publicar un diario con sus aventuras.
Bruto.
ResponderEliminarBuenas tardes, primero y lo más importante dar la enhorabuena a Lucía, yo quiero uno, pero el viaje en el tiempo es un poquito mayor y lo tendrían que hacer los dos para que tuviesen gracia.
Un abrazo y enhorabuena Lucía y ahora, a disfrutar tú cuento.
Y publico en los dos, que eres un tiquismiquis.